La izquierda juche es la auténtica izquierda en España
sábado 14 de febrero de 2009
¡¡¡Somos invencibles!!! Nos ilegalizarán, encarcelarán, matarán, nos han hecho todo tipo de perrerías, nada tenemos que agradecer a España, solo nos viene represión de allí, una pila de años fuera de su "orden democratico" que no lo es por cierto y aquí estamos !VENCEREMOS! SOMOS MUY TOZUDOS Y CABEZONES LOS JUCHES Y QUEREMOS SER LIBRES, LO SEREMOS!!!!
Reactivación de la actividad en internet
viernes 26 de diciembre de 2008
En la actualidad, el Partido cuenta con núcleos de afiliados y militantes en los territorios de Bizkaia (Euskal Herria), y Murcia.
La labor de la promoción del socialismo en el Estado Español es ardua, y nos hemos encontrado con numerosos simpatizantes de la idea juche, pero también es cierto que numerosos detractores que tienen una idea degradada y falsa de lo que es la idea Juche.
En la idea Juche no se promueven a dictadores sanguinarios que viven como reyes, tal y como muchos camaradas erróneamente consideran. El socialismo juche defiende la idea de que cada nación debe de saber vivir en autarquía para no depender de imperialismos externos y obtener así su propia independencia y libertad.
Seguiremos trabajando, promoviendo nuestra labor en la red, entre otras, la Propuesta Juche 2008, que se ha modificado y a la que se han añadido nuevos puntos:
- España es un Estado creado por la imposición de las armas, y es por ello que en su condición de imperialista, oprime a las diferentes naciones que lo conforman, negando el derecho de autodeterminación de las mismas, ahogando así sus espectativas y las posibilidades de la implantación del socialismo en las mismas. Para
sostener el régimen Imperialista, el Estado no duda en utilizar a los
diferentes cuerpos y fuerzas de seguridad que están al servicio de los
intereses de los diferentes medios de poder: banca, patronal y
monarquía, principalmente. Éstos medios de poder no dudan en ningún
momento en sostener un régimen estatal de terror, persecución
ideológica y aplastamiento sin contemplaciones de toda opción política
que ofrezca una alternativa al capitalismo importado sobre todo desde
EEUU y la UE. Como alternativa el PJE propone el Derecho de Autodeterminación de los Pueblos.
- El PJE aboga por la salida inmediata del Estado Español de la OTAN, instrumento de servicio al Imperialismo Capitalista y Expoliador.
- El
PJE expresa el apoyo contundente y sin miramientos para la libertad de
expresión de las ideologías izquierdistas y promovedoras del socialismo
en las diferentes naciones que forman el Estado de España.
- El
PJE aboga por la retirada inmediata y total de todas las fuerzas de
ocupación que el Estado Español mantiene en Afganistán.
- El PJE
apoya y luchará por la implantación de la República Confederal Popular
y Democrática Española, que no sea un mero instrumento para los
intereses oligarcas del poder, y que esté al servicio de las masas que
deseen libremente formar parte de la misma, sin obligar a ninguna nación que no quiera formar parte a ser parte.
- El PJE aboga por una
subida salarial inmediata del 10% para los salarios mínimos, además de
un 5% en lugar de la ridícula y soez moderación salarial pactada por
los "sindicatos" CCOO y UGT, que son meros siervos de la patronal.
- El PJE promueve y luchará
por la implantación de la jornada laboral de 30 horas, como paso previo
e imprescindible para contribuir a la mejora de las condiciones
laborales de las masas, además de generar empleo, al trabajar todos
menos, se necesitarán mas empleados.
- El PJE aboga por la reforma
de la Ley Electoral, basada en la actualidad según la Ley D`Ont, que
favorece irrevocablemente a sostener un régimen plutocrático
bipartidista en el que los dos grandes partidos (PP,PSOE) tienen
siempre las de ganar irremediablemente, y están al servicio de los
oligarcas.
- El PJE promueve que, desde el Congreso de los diputados
y el Gobierno del Estado Español, se exijan explicaciones, y si fuera
necesario, se reclamasen juicios correspondientes por el asesinato del
periodista José Couso por parte de las tropas de ocupación de los EEUU
durante la Guerra de Iraq.
- El PJE aboga por la supresión de los
cánones y diversos tipos impositivos que, desde las oligarquías y al
servicio de la SGAE, promueven el lucro y el enriquecimiento de sus
directivos, a costa de todas las masas.
- El PJE promueve que, desde el Congreso de los diputados y el Gobierno del Estado Español, se condene la acción de permisión del gobierno del PP y del PSOE que contribuyó y facilitó a la CIA las torturas y traslados de presos hacia Guantánamo.
- El PJE promoverá toda acción que contribuya a desestabilizar el orden social capitalista, dentro de este marco se incluyen huelgas generales, así como otro tipo de luchas por parte de la clase trabajadora para la mejora de su vida.
El poder de Telefónica en los medios silencia a 6.000 huelguistas
jueves 5 de junio de 2008
NOTA DE PRENSA
NUEVOS PAROS EN TELÉFONICA y MANIFESTACION EN BARCELONA a las 13h en Avda. Roma 73
EL PODER DE TELEFONICA EN LOS MEDIOS SILENCIA A 6000 HUELGUISTAS
El sindicato comisiones de base, COBAS, junto a los sindicatos vascos ESK, LAB, y ELA, al sindicato gallego CIG, y también junto a AST mayoritaria en Madrid, con EC en Barcelona, y apoyado CGT en algunas provincias, seguimos convocando juntos, a nivel estatal, a toda la plantilla de Telefónica a huelgas de 3,5 h para todos los jueves, los próximos días 5, 12 y 19 de Junio, coincidiendo con la reunión de la Mesa negociadora del Convenio colectivo.
Ante la actitud de la empresa, la pasada semana se realizó la primera jornada de paros con una alta participación, especialmente en aquellas provincias con implantación de los sindicatos convocantes. A su vez, a lo largo de la semana se están realizando concentraciones y asambleas llamando a los paros en los centros de trabajo y delante de actos propagandísticos de Telefónica. Los responsables de publicidad de la prensa se niegan a publicar anuncios de los trabajadores para no perder a la gran multinacional anunciante.
Telefónica no ha concedido nada de lo exigido por las y los trabajadores en la mesa de negociación en asuntos tan fundamentales como: la creación de empleo de calidad, 35 horas, la mejora del poder adquisitivo (IPC+2), la inclusión de medidas que permitan conciliar nuestra vida laboral y personal (jornada partida máximo hasta las 18h), eliminación de la subcontratación (38.000 instaladores) o la normalización lingüística, ya que no se garantiza en ninguna de las 3 comunidades la atención en bilingüe tal y como obliga la legislación actual.
Sumando a esta “no concesión de nada de lo exigido”, la empresa se mantiene en negociar en una mesa de negociación permanente una propuesta gravemente regresiva para los y las trabajadoras. Intenta modificar totalmente la actual estructura de funciones rompiendo el modelo salarial actual, bajando los sueldos base, acabando con la antigüedad, flexibilizando la jornada con una bolsa de 90 horas anuales a disposición del mando, para poder trabajar hasta 12h al día sin cobrar horas extras y acabando con los sistemas objetivos de promoción.
Esta suma, junto a la subida del 27% de los sueldos base de los directivos, la Zaplanada, etc, nos ha obligado a tener que convocar movilizaciones exigiendo la retirada de la propuesta de la empresa y en defensa de las reivindicaciones de las y los trabajadores.
Esperemos que predomine la ética periodística y los ciudadanos puedan conocer la realidad de la principal multinacional del país. Se realizará una manifestación a las 13h frente a la sede de Telefonica en Avda de Roma, si la prensa tampoco puede acudir, podéis contactar con la mayoría de los delegados a través del comité de empresa:
Comité de Empresa de Telefónica Barcelona
Josep Bel 639390710
Red de blogs Juche
miércoles 4 de junio de 2008
Con el objetivo de lograr una mayor participación de todos los simpatizantes de la idea Juche y de los interesados en el desarrollo del Partido Juche, durante los próximos días desde el PJE se comenzará a desarrollar una Red de Blogs Juche, de la que podrán formar parte todos los juches de habla hispana, incluidos los de fuera del Estado de España.
Los que estén interesados en participar pueden entrar en contacto con el partido a través del mail: partidojuche*@*gmail.com
El Partido inicia su I Congreso Estatal
El Comité Central del Partido Juche de España se autodisolvió en el 1 de junio de 2008, y se han dado los pasos para iniciar el I Congreso Estatal, al que están invitados a participar todos aquellos que tengan propuestas para establecer el programa y los estatutos del Partido.
A través de este Congreso, el Partido tomará las bases de actuación en todas las áreas, centrándose sobre todo en ofrecer propuestas para Educación, Cultura, Economía, y el ámbito laboral.
La CIA, esa gran interesada en el Dalai Lama
jueves 3 de abril de 2008
Las imágenes de CNN acerca del Tibet son simplistas: de un lado nos muestra a los Chinos como los malos de la película porque son comunistas, del otro, a los Tibetanos porque son budistas. Pero el comandante Fidel Castro nos alerta que todo esto no es más que pura propaganda. La historia de esa región nos enseña las verdaderas viejas causas y pugnas chino-norteamericanas: la adhesión del Tibet al Kuomintang para luchar contra Mao, y la guerrilla budista bajo dirección de la CIA.
2 de abril de 2008 | Desde La Habana (Cuba)
El Dalai-Lama y George W. Bush. Foto White House.
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Primera parte
La victoria china
Sin algunos conocimientos históricos elementales no se comprendería el tema que abordo.
En Europa habían oído hablar de China. Marco Polo, en el otoño de 1298, contó cosas maravillosas del singular país al que llamó Catay.
Colón, navegante inteligente y audaz, estaba informado de los conocimientos que poseían los griegos sobre la redondez de la Tierra.
Sus propias observaciones lo hacían coincidir con aquellas teorías. Ideó el plan de llegar al Lejano Oriente navegando hacia el oeste desde Europa. Calculó con excesivo optimismo la distancia, varias veces mayor. Sin imaginarlo, se le atraviesa en su ruta, entre el Océano Atlántico y el Pacífico, este continente. Magallanes realizaría el viaje concebido por él, aunque murió antes de llegar a Europa. Con el valor de las especias recogidas se pudo pagar la expedición iniciada con varias embarcaciones, de las cuales sólo una regresó, como preámbulo de futuras colosales ganancias.
Desde entonces, el mundo comenzó a cambiar con pasos acelerados.
Viejas formas de explotación volvieron a repetirse, desde la esclavitud hasta la servidumbre feudal; antiguas y nuevas creencias religiosas se extendieron por el planeta.
De esa fusión de culturas y hechos, acompañada por los avances de la técnica y los descubrimientos de la ciencia, nació el mundo actual, que no podría comprenderse sin un mínimo de antecedentes reales.
El comercio internacional, con sus ventajas y sus inconvenientes, se imponía por las potencias coloniales, como España, Inglaterra y otras potencias europeas. Estas, especialmente Inglaterra, pronto comenzaron a dominar el suroeste, sur y sureste de Asia, así como Indonesia, Australia y Nueva Zelandia, extendiendo su dominio por la fuerza en todas partes. A los colonizadores les faltaba someter al gigantesco país chino, de milenaria cultura y fabulosos recursos naturales y humanos.
El comercio directo entre Europa y China se inició en el Siglo XVI, después que los portugueses establecieron el enclave comercial de Goa en India y el de Macao al sur de China.
El dominio español de Filipinas facilitó el intercambio acelerado con el gran país asiático. La dinastía Qing, que gobernaba China, intentó limitar todo lo posible este tipo de operación comercial no favorable con el exterior. Lo permitieron solo por el puerto de Cantón, ahora Guangzhou.
Gran Bretaña y España tenían grandes déficits por la baja demanda del enorme país asiático, relacionados con mercancías inglesas producidas en la metrópoli, o productos españoles procedentes del Nuevo Mundo no esenciales para China.
Ambas habían comenzado a venderle opio.
El comercio del opio en gran escala era dominado inicialmente por los holandeses desde Jakarta, Indonesia. Los ingleses observaron las ganancias que se aproximaban al 400 por ciento. Sus exportaciones de opio, que en 1730 fueron de 15 toneladas, se elevaron a 75 en 1773, embarcado en cajas de 70 kilogramos cada una; con él compraban porcelana, seda, condimentos y té chino.
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Ilustración / foto: A la izquierda aparece la fotografía de William H. Russell, quien venía de una familia increíblemente millonaria que había hecho fortuna justamente con uno de los comercios más repugnantes del siglo XIX: el tráfico de opio en China y otras regiones de Asia (ver foto derecha, un fumadero de opio en China en esa época). Russell heredó esta empresa, la «Russell and Company», un imperio del tráfico de opio. Russell era un apasionado de las sectas secretas y luego de un aprendizaje en Alemania en 1833 creó a su regreso en los EEUU y en el campus de la universidad de Yale, la sociedad secreta Skull and Bones (la Calavera, en inglés: Cráneo y Hueso, ver emblema arriba con su número secreto 322), la cual ha captado a través de los años a las elites y otras familias ricas del país para crear una cofradía del poder político, ligadas a las grandes fortunas. El presidente George W. Bush es miembro de esta secta secreta. «Russell and Company» es hoy en día el verdadero propietario de esta famosa universidad norteamericana de Yale, fundada en 1701 por religiosos anglo-sajones llegados al «Nuevo Continente».
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El opio y no el oro era la moneda de Europa para adquirir las mercancías chinas.
En la primavera de 1830, ante el desenfrenado abuso del comercio de opio en China, el emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu, funcionario imperial, combatir la plaga, y este ordenó la destrucción de 20 mil cajas de opio. Lin Hse Tsu envió carta a la Reina Victoria pidiéndole respeto a las normas internacionales y que no permitiera el comercio con drogas tóxicas.
Las Guerras del Opio fueron la respuesta inglesa. La primera de ellas duró tres años, de 1839 a 1842. La segunda, a la que se sumó Francia, cuatro años, de 1856 a 1860. También se les conoce como las Guerras Anglo-chinas.
El Reino Unido obligó a China a firmar tratados desiguales, por medio de los cuales se comprometía a abrir varios puertos al comercio exterior y a entregarle Hong Kong. Varios países, siguiendo el ejemplo inglés, impusieron términos desiguales de intercambio.
Semejante humillación contribuyó a la rebelión Taiping de 1850 a 1864, la rebelión Bóxer de 1899 a 1901 y, por último, a la caída de la dinastía Qing en 1911, que por diversas causas ―entre ellas la debilidad frente a las potencias extranjeras― se había vuelto sumamente impopular en China.
¿Qué ocurrió con Japón?
Este país, de antigua cultura y muy laborioso, como otros de la región, se resistía a la «civilización occidental»”y durante más de 200 años ―entre otras causas por su caos en la administración interna― se había mantenido herméticamente cerrado al comercio exterior.
En el año 1854, después de un viaje exploratorio anterior con cuatro cañoneras, una fuerza naval de Estados Unidos al mando del Comodoro Matthew Perry, amenazando con bombardear a la población japonesa ―indefensa frente a la moderna tecnología de aquellos buques―, obligó a los shogunes a firmar, en nombre del Emperador, el Tratado de Kanagawa, el 31 de marzo de 1854. Así se inició en Japón el injerto con el comercio capitalista y la tecnología occidentales. Desconocían entonces los europeos la capacidad de los japoneses para desenvolverse en aquel campo.
Tras los yanquis, llegaron los representantes del imperio ruso desde el Extremo Oriente, temiendo que Estados Unidos, a quienes vendieron después Alaska el 18 de octubre de 1867, se les adelantaran en el intercambio comercial con Japón. Gran Bretaña y las demás naciones colonizadoras europeas arribaron rápido a ese país con los mismos fines. Durante la intervención de Estados Unidos en el año 1847, Perry ocupó varias partes de México. El país perdió al final de la guerra más del 50 por ciento de su territorio, precisamente las áreas donde se acumulaban las mayores reservas de petróleo y gas, aunque entonces el oro y el territorio donde expandirse, y no el combustible, eran el objetivo principal de los conquistadores.
La primera guerra chino-japonesa fue declarada oficialmente el 1º de agosto de 1894. Japón entonces deseaba apoderarse de Corea, un Estado tributario y subordinado a China. Con armamento y técnica más desarrollados, derrotó a las fuerzas chinas en varias batallas próximas a las ciudades de Seúl y Pyongyang. Posteriores victorias militares le abrieron el camino hacia territorio chino.
En el mes de noviembre de ese año, tomaron Port Arthur, actual Lüshun. En la desembocadura del río Yalu y en la base naval de Weihaiwei, sorprendida por un ataque terrestre desde la península de Liaodong, la artillería pesada japonesa destruyó la flota del país agredido.
La dinastía tuvo que pedir la paz. El Tratado de Shimonoseki, que puso fin a la guerra, fue firmado en abril de 1895. Se obligaba a China a ceder Taiwán, la península de Liaodong y el archipiélago de las Islas Pescadores a Japón «a perpetuidad»; pagar además una indemnización de guerra de 200 millones de taeles de plata y abrir cuatro puertos al exterior. Rusia, Francia y Alemania, defendiendo sus propios intereses, obligaron a Japón a devolver la Península de Liaodong, pagando en cambio otros 30 millones de taeles de plata.
Antes de mencionar la segunda guerra chino-japonesa, debo incluir otro episodio bélico de doble trascendencia histórica que tuvo lugar entre 1904 y 1905 y no puede omitirse.
Después de su inserción en la civilización armada y las guerras por el reparto del mundo impuestas por Occidente, Japón, que ya había librado la primera guerra contra China antes señalada, desarrolló su poderío naval lo suficiente como para asestar tan duro golpe al imperio ruso, que estuvo a punto de provocar prematuramente la revolución programada por Lenin al crear en Minsk, diez años antes, el Partido que posteriormente desataría la Revolución de Octubre.
El 10 de agosto de 1904, sin previo aviso, Japón atacó y destruyó en Shandong la Flota Rusa del Pacífico. El zar Nicolás II de Rusia, exaltado por el ataque, ordenó movilizar y zarpar, rumbo al Extremo Oriente, la Flota del Báltico. Convoyes de buques carboneros fueron contratados para llevar a tiempo los cargamentos que necesitaba la Flota mientras navegaba hacia su lejano destino. Una de las operaciones de traspaso de carbón se tuvo que realizar en alta mar por presiones diplomáticas.
Los rusos, al entrar en el sur de China, se dirigieron al puerto de Vladivostok, único disponible para las operaciones de la Flota. Para llegar a ese punto había tres rutas: la de Tsushima, su mejor variante; las otras dos requerían navegar al este de Japón, e incrementaban los riesgos y el enorme desgaste de sus naves y tripulantes.
Lo mismo pensó el almirante japonés: para esa variante preparó su plan y situó sus barcos de modo que la Flota japonesa, al dar la vuelta en «U», todas sus naves, en su mayoría cruceros, pasarían a distancia aproximada de 6 mil metros de los buques adversarios, con gran número de acorazados, que estarían al alcance de los cruceros japoneses, dotados de personal rigurosamente entrenado en el empleo de sus cañones.
Como consecuencia de la larga ruta, los acorazados rusos navegaban a sólo 8 nudos frente a los 16 de las naves japonesas. La acción militar se conoce con el nombre de Batalla de Tsushima. Tuvo lugar los días 27 y 28 de mayo de 1905.
Participaron, por el imperio ruso, 11 acorazados y 8 cruceros.
Jefe de la Flota: Almirante Zinovy Rozhdestvensky.
Bajas: 4 380 muertos, 5 917 heridos, 21 barcos hundidos, 7 capturados y 6 inutilizados.
El jefe de la Flota Rusa fue herido por un fragmento de proyectil que le golpeó el cráneo.
Por el imperio japonés participaron: 4 acorazados y 27 cruceros.
Jefe de la Flota: Almirante Heichachiro Togo.
Bajas: 117 muertos, 583 heridos y 3 torpederos hundidos.
La Flota [rusa] del Báltico fue destruida. Napoleón la habría calificado de Austerlitz en el mar. Cualquiera puede imaginarse cuán profunda herida causó el dramático hecho en el tradicional orgullo y patriotismo rusos.
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La flota rusa del Báltico del zar Nicolás II fue completamente destruida por el ataque sorpresa de la marina imperial japonesa conducida por el almirante Togo, el 27 y 28 de mayo de 1905 y en el transcurso de la batalla naval al frente de las islas de Tsou-Shima. A la izquierda aparece una fotografía de archivo del acorazado-insignia «Petropavlovsk» y a la derecha una ilustración de la época mostrando el sacrificio del almirante Makarov que naufragó y pereció junto con su flota. Rusia vivía en esa época la convulsiones de la Revolución y esta derrota aceleró el derrumbe del prestigio del régimen monárquico zarista. Nicolás II declaró en aquella época: Este día ha sido el día más negro de mi vida y de San-Petersburgo.
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Después de la batalla, Japón pasó a ser una temida potencia naval, rivalizando con Gran Bretaña y Alemania y compitiendo con Estados Unidos.
Japón reivindicó el concepto del acorazado como arma principal en los años venideros. Se enfrascaron en la tarea de potenciar la Armada Imperial japonesa. Solicitaron y pagaron a un astillero británico la construcción de un crucero especial, con la intención de reproducirlos después en astilleros japoneses. Más tarde fabricaron acorazados que superaban a sus contemporáneos en blindaje y poder.
No había sobre la Tierra ninguna otra nación que igualase a la ingeniería naval japonesa de los años 1930 en diseño de buques de guerra.
Eso explica la acción temeraria con que un día atacaron a su maestro y rival, Estados Unidos, que a través del Comodoro Perry los inició en el camino de la guerra.
Segunda parte
La victoria China
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, China se une a los aliados. Para compensarla, le ofrecen que las concesiones alemanas en la provincia de Shandong, le serían devueltas al finalizar la contienda. Tras el Tratado de Versalles, impuesto por el presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson a los amigos y a los enemigos, las colonias alemanas son transferidas a Japón, un aliado más poderoso que China.
Esta acción causó la protesta de miles de estudiantes que se congregaron en la Plaza Tiananmen el 4 de mayo de 1919. Allí se inició el primer movimiento nacionalista que triunfó en China. Se denominó «4 de Mayo». La pequeña burguesía y la burguesía nacional lo compartían con los obreros y los campesinos.
La corriente nacionalista había surgido a fines del siglo XIX y principios del XX, y se consolidó con la fundación del Kuomintang, es decir, Partido Nacional del Pueblo, encabezado por el doctor Sun Yat-sen, intelectual y revolucionario progresista que estaba muy influido por la Revolución Socialista de Octubre, con la cual reforzó sus relaciones.
El Partido Comunista de China se funda en un congreso que tuvo lugar entre el 23 de julio y 5 de agosto de 1921. Lenin envió representantes de la Internacional a ese congreso.
El movimiento comunista se dedicó a reunificar China. Entre los fundadores se encontraba el joven Mao Zedong. En los años 1923 y 1924 se conforma el Frente Único Antiimperialista entre el PCCh y el Kuomintang.
En marzo de 1925 muere Sun Yat-sen y Chiang Kai-shek toma el mando, dedicándose a controlar bajo su rígida jefatura el sur de China, en particular la zona de Shanghai.
Chiang no simpatizaba con la doctrina comunista, y en 1927 inició un proceso represivo en gran escala contra los comunistas en las unidades del Ejército Nacional Revolucionario, sindicatos y otras áreas sociales del país, especialmente en Shanghai. También reprimió fuertemente a la izquierda dentro del Kuomintang.
Después de 5 meses de ocupación militar de Manchuria, Japón estableció en 1932 el estado del Manchukuo, lo que constituía una gran amenaza para China. Chiang Kai-Shek lanzó cinco campañas de cerco y aniquilamiento contra los comunistas, que se hicieron fuertes en las bases constituidas al sur del país.
Con los que lograron escapar de la traición de Chiang Kai-shek en 1927, Mao Zedong dirigió en el área montañosa de las provincias de Jiangsu y Fujian el establecimiento, en un amplio territorio, del centro de resistencia armada con un fuerte núcleo de comunistas consecuentes y bien organizados, que se calificó de República Soviética de China.
Enfrentados a las fuerzas nacionalistas muy superiores de Chiang Kai-shek, alrededor de 100 mil combatientes chinos, bajo la dirección de Mao, inician en 1934 la Gran Marcha hacia el noroeste, bordeando el centro, un recorrido de más de 6 mil kilómetros, luchando constantemente a lo largo de la ruta durante más de un año, lo que constituyó una hazaña sin precedentes y convirtió a Mao en el líder indiscutible del Partido y de la Revolución en China.
La aplicación de las ideas de Marx y Lenin a las circunstancias políticas, económicas, naturales, geográficas, sociales y culturales de China, lo consagraron como genial estratega político y militar de la liberación de un país cuyo peso en el mundo actual no puede ser subestimado. La segunda guerra chino-japonesa se inicia el 7 de julio de 1937.
Los japoneses provocaron deliberadamente el incidente que desató la contienda. Un soldado nipón desaparece cuando su ejército realizaba una parada militar en el puente Marco Polo, sobre un río situado a unos 16 kilómetros del oeste de Beijing. Culpan al ejército chino, situado al otro lado del río, de haber secuestrado al soldado, y se provoca un combate de varias horas. Este aparece de nuevo, casi de inmediato.
Era falsa la denuncia, pero el comandante japonés ya había ordenado atacar. Tokio exige condiciones inaceptables para China, presentadas con la habitual arrogancia, y ordena el envío de tres divisiones equipadas con sus mejores armas. En pocas semanas, el Ejército japonés controló el pasillo este-oeste desde el Golfo de Chihli ―hoy Bo Hai― hasta Beijing.
De Beijing se dirige hasta Nanjing, sede del gobierno de Chiang Kai-shek. Llevaron a cabo una de las campañas terroristas más horrendas de las guerras modernas. La ciudad fue arrasada, igual que otras similares; decenas de miles de mujeres fueron violadas y cientos de miles de personas asesinadas brutalmente.
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La masacre de Nankin: ver documental histórico de los crímenes de guerra cometidos por las tropas imperiales japonesas a la población civil china en la ciudad de Nankin.
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El Partido Comunista de China había priorizado la lucha por la unidad nacional frente al plan japonés, cuyo objetivo era apoderarse del enorme país con sus recursos naturales y someter a más de 500 millones de chinos a despiadada servidumbre. Japón buscaba espacio vital. Su conducta fue una mezcla de capitalismo con racismo: era la versión japonesa del fascismo.
El Frente Unido Antijaponés estaba ya vigente ese propio año 1937. Los nacionalistas estaban también conscientes del peligro. Japón ocupó la mayoría de las ciudades costeras. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las bajas chinas sumarían millones.
Durante la épica contienda, los comunistas intensificaron su lucha contra los invasores, ocasionándoles sensibles daños.
Estados Unidos prestó ayuda a los comunistas y a los nacionalistas.
Como veía que su entrada en la guerra era inminente, solicitó al gobierno chino autorización para enviar una escuadrilla de voluntarios.
Se creó así la unidad aérea de los Tigres Voladores. Roosevelt envió al capitán Lee Chenault, que estaba retirado y en el desempeño de su tarea este expresaba su admiración por la disciplina, las tácticas y la eficacia de los combatientes comunistas.
Después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, Estados Unidos entró en la guerra. Sin embargo, en ningún momento Japón pudo mover sus tropas élites de China, que al final de la contienda sumaban un millón de soldados.
Chiang Kai-shek, convertido por la administración Truman ―que en un acto de terror usó las armas nucleares sobre la población civil de Japón― en el hombre fuerte de Estados Unidos, reanuda la guerra civil anticomunista, pero sus desmoralizadas tropas no podían resistir la ola incontenible del Ejército Popular Chino.
Cuando terminó esa guerra, en octubre de 1949, los del Kuomintang, apoyados por Estados Unidos, escaparon hacia Taiwán, donde establecieron un gobierno anticomunista con pleno respaldo yanqui. Chiang Kai-shek utilizó la Flota de Estados Unidos en su viaje hacia Taiwán.
¿Es acaso China un oscuro rincón del mundo?
Antes de que se edificara Troya y circularan por las ciudades-estado de Grecia la Ilíada y la Odisea, creaciones sin duda maravillosas de la inteligencia humana, ya en las amplias márgenes del Río Amarillo se desarrollaba una civilización que abarcaba millones de personas. La cultura china tiene sus raíces en la dinastía Zhou, 2,000 años antes de Cristo.
Su escritura peculiar se basa en varios miles de signos gráficos, que representan por lo general palabras o morfemas del idioma, término de la lingüística moderna poco conocido por el público no familiarizado con el tema. Todos estamos lejos de comprender la misteriosa magia de esa lengua, cuyo aprendizaje desarrolla la inteligencia natural de los niños chinos.
Muchos productos que surgieron de China, como la pólvora, la brújula y otros, eran desconocidos por completo en el Viejo Continente. Si los vientos soplaran en sentido inverso de la ruta seguida por Colón, tal vez los chinos habrían descubierto a Europa.
Desde el año 2000, en Taiwán estaba gobernando un partido cuya política neoliberal y proimperialista era peor todavía que la tradicional del Kuomintang, partidario decidido de quebrar el principio de una sola China, históricamente proclamado por el Partido Comunista de China. Este espinoso asunto podía desatar una guerra de imprevisibles consecuencias, como moderna espada de Damocles sobre las cabezas de más de 1,300 millones de chinos.
La elección el pasado 23 de marzo del candidato del antiguo partido que fue la base política de Chiang Kai-shek constituyó sin duda, en los hechos, una victoria política y moral de China. Aleja del poder en Taiwán a un partido que, habiendo gobernado durante casi ocho años, estaba a punto de dar nuevos y funestos pasos.
Según informan las agencias, fue aplastante su derrota, al obtener solo 4,4 millones de votos de los 17,3 millones de electores con derecho a votar.
El nuevo Presidente tomará posesión el 20 de mayo. «Firmaremos un Tratado de Paz con China», declaró.
Los cables informan que «Ma Ying-jeou es partidario de la creación de un Mercado Común con China, principal socio comercial de la isla.»
La República Popular China se muestra digna y cautelosa sobre el espinoso asunto. El portavoz de la Oficina de Taiwán en el Consejo Estatal de Pekín declaró que la victoria de Ma Ying-jeou prueba que «la independencia no es popular entre los taiwaneses».
En este lacónico mensaje se dice mucho.
En obras elaboradas por prestigiosos investigadores de Estados Unidos, se divulgó lo ocurrido en el territorio chino del Tíbet. El libro La guerra secreta de la CIA en el Tíbet, de Kenneth Conboy ―University Press, de Kansas―, se describe la sucia entraña de la conspiración. William Leary lo define como «un estudio excelente e impresionante sobre una de las operaciones secretas de la CIA más importantes durante la guerra fría».
En el curso de dos siglos, ni un solo país en el mundo había reconocido el Tíbet como nación independiente. Lo consideraban parte integrante de China. En 1950 India lo conceptuaba de esa forma, después del triunfo de la revolución comunista. Inglaterra adoptó la misma conducta. Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial lo consideraba parte de China, e incluso presionaba a Inglaterra en ese sentido. Tras la guerra, en cambio, lo vieron como un baluarte religioso contra el comunismo.
Cuando la República Popular China aplicó la reforma agraria en los territorios tibetanos, su élite social no aceptó que sus propiedades e intereses fuesen afectados.
Esto condujo a un levantamiento armado en 1959. La rebelión armada en el Tíbet ―a diferencia de la de Guatemala, Cuba y otros países, donde actuaron con apremio― fue preparada durante años por los servicios secretos de Estados Unidos, según consta en las investigaciones mencionadas anteriormente.
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Otro libro ―que es apologético en este caso de la CIA―, Los guerreros de Buda, cuyo autor es Mikel Dunham, cuenta cómo la institución llevó a cientos de tibetanos a Estados Unidos, condujo la rebelión, la equipó, envió paracaídas con armamentos, los formó en la utilización de los mismos, a la vez que se movían a caballo, como lo hacían los guerrilleros árabes.
El prólogo de la obra fue redactado por el Dalai Lama, quien expresa: Aunque tenga el profundo sentimiento de que la lucha de los tibetanos sólo podrá triunfar por un enfoque a largo plazo utilizando medios pacíficos, siempre he admirado a estos combatientes de la libertad por su valor y su determinación inquebrantables.
El Dalai Lama, condecorado con la Medalla de Oro del Congreso de Estados Unidos, alabó a George W. Bush por sus esfuerzos en favor de la libertad, la democracia y los derechos humanos.
La guerra en Afganistán fue calificada por el Dalai Lama como «una liberación», la guerra de Corea como «semiliberación» y la de Viet Nam como «un fracaso».
Hice apretada síntesis de datos tomados por Internet, del sitio Rebelión especialmente. No incluí, por razones de espacio y tiempo, las páginas de cada libro donde aparecen con precisión las palabras textuales utilizadas.
Hay personas que padecen de chino-fobia, un hábito bastante generalizado en muchos occidentales, acostumbrados, por educación y cultura diferentes, a mirar con desprecio lo que viene de China.
Era yo niño prácticamente, cuando ya se hablaba del «peligro amarillo». La revolución china parecía entonces un imposible; las causas verdaderas del espíritu antichino eran en el fondo racistas.
¿Por qué tanto se empeña el imperialismo en someter a China, de forma directa o indirecta, a un desgaste internacional?
Antaño, es decir, hace 50 años, para negarle las prerrogativas heroicamente ganadas como miembro pleno del Consejo de Seguridad; después, con motivo de los errores que condujeron a las protestas de Tiananmen, donde se endiosaba a la Estatua de la Libertad, símbolo de un imperio que es hoy la negación de todas las libertades.
La legislación de la República Popular China se esmeró en la proclamación y aplicación del respeto al derecho y a la cultura de 55 minorías étnicas.
La República Popular China, a la vez, es sumamente sensible a todo lo que se relaciona con la integridad de su territorio.
La campaña orquestada contra China es como un toque de clarín llamando a degüello para deslucir el merecido éxito del país y su pueblo como anfitriones de los próximos Juegos Olímpicos.
El Gobierno de Cuba emitió una declaración categórica de apoyo a China respecto a la campaña contra ella vinculada al Tíbet. Fue correcta esa posición. China respeta el derecho de los ciudadanos a creer o no creer.
Hay, en ese país, grupos de creyentes musulmanes, cristianos católicos y no católicos y de otras creencias, y decenas de minorías étnicas, cuyos derechos están garantizados en su Constitución. En nuestro Partido Comunista, la religión no es obstáculo para ser militante.
Respeto el derecho a creer del Dalai-Lama, pero no estoy obligado a creer en el Dalai-Lama.
Tengo muchas razones para creer en la victoria china.
Comandante Fidel Castro
एक्स Presidente de la Républica de Cuba.
Cuando el Dalai Lama estaba en el poder, 95% de los tibetanos podía ser vendido como mercancías
sábado 22 de marzo de 2008
Publicado por Zang Yanping en http://nuevoalcazar.es/content/view/773/30/
Cuando el Dalai Lama y la clase de los propietarios estaban en el poder en Tibet, 95% de los poladores eran siervos feudales, sin ningún derecho humano. Podían ser vendidos como mercancías. Eran frecuentemente insultados y abatidos o incluso debían enfrentarse a castigos de una violencia excepcional: por ejemplo, se les arrancaba los ojos, se les cortaba la lengua o las orejas, las manos o los pies, se les arrancaba los tendones, a no ser que se les ahogase o que se les empujase al vacío desde la cima de un acantilado. Estaba prohibido salir de su clase social.
A fin de otorgar al 14º Dalai-Lama una apariencia de respetabilidad, su banda lo presenta, a él, la antigua figura principal de la servitud feudal de estructura sociopolítica teocrática, como un “representante de la democracia”, pretendiendo que “la democracia ha sido siempre su ideal” y que “ promociona la democracia entre los tibetanos en el exilio”. Todo el mundo sabe que la sociedad humana pasa por tres fases de evolución: teocracia, monarquía y derechos cívicos. Es simplemente ridículo, como mínimo extraño, definir al Dalai-Lama, este símbolo vivo de la teocracia, como un “combatiente de la democracia”.
¿Qué ocurrió realmente en el Tibet, antes de 1959, cuando era gobernado por este Dalai-Lama que pretende que la democracia es su ideal? Antes de 1959, las tierras y los habitantes del Tibet no eran más que feudos de las instituciones de los gobiernos, monasterios y nobles tibetanos locales, es decir, las tres categorías principales de propietarios que apoyaban la servidumbre feudal tibetana. Constituían menos del 5% de la población total del Tibet. Estas tres categorías principales de propietarios poseían prácticamente la totalidad de las tierras cultivables, de las llanuras, de los bosques, de las montañas, de los recursos acuíferos y del ganado. No sólo estaban habilitados para explotar a sus siervos de manera vampírica, sino que también ejercían un poder de dominio.
Los siervos y los esclavos, que representaban el 95% de la población del Tibet, no disponían de ningún derecho fundamental del hombre y no tenían ninguna libertad. Desde su nacimiento, los siervos pertenecían a un propietario. Su existencia, su muerte y su matrimonio dependían de la voluntad de su propietario. Tratados como ganado, los siervos podían ser vendidos, comprados, transferidos, propuestos como dote, ofrecidos a título de gracia por otros propietarios de siervos, utilizados para apurar deudas o intercambiados por otros siervos. Afín de proteger sus propios intereses, los propietarios feudales de siervos mantenían un sistema social jerárquico y estricto a la vez que ejercían un poder cruel. Los Códigos trece y dieciséis, que fueron utilizados hasta finales de los cincuenta, estipulaban claramente el precio de la vida de las diversas categorías sociales ( que iba desde personas que no valían mas que un vulgar cordaje de paja a otras que valían más caras que el oro). Los gobiernos locales estaban dotados de tribunales y de cárceles, y los grandes monasterios, al igual que los nobles, tenían también su propias prisiones. Bajo esta dictadura cruel, los siervos que osaban rebelarse eran perseguidos según la voluntad de sus señores.
Frecuentemente, eran insultados y abatidos o debían afrontar incluso castigos de una destacada violencia: por ejemplo, se les arrancaban los ojos, se les cortaba la lengua o las orejas, las manos o los pies, se les arrancaban los tendones, a no ser fuesen ahogados o que hechas al vacío desde la cima de un acantilado. Las tres principales ordenes de propietarios obligaban a los siervos a realizar toda una serie de tareas y a pagar un alquiler, les explotaban practicando el desgaste. Los siervos no sólo tenían que garantizar las faenas para las distintas instituciones de los gobiernos locales, los funcionarios y el ejército, sino que además debían trabajar sin recibir ningún salario en el mantenimiento de las cosechas y del ganado en beneficio de sus señores, a la vez que pagaban diversos impuestos. Algunos debían también pagar impuestos y realizar tareas en beneficio de los monasterios.
Estadísticas han demostrado que los impuestos recolectados por los gobiernos locales del Tibet estaban clasificados en más de doscientas categorías y que los trabajos asumidos por los siervos al servicio de las tres órdenes principales de propietarios representaba más del 50% de su trabajo, alcanzando incluso al 70 y 80% en algunos lugares. Antes de la reforma democrática, la suma total del desgaste del Tibet era dos veces más elevado que el de la producción total de siervos. Los tres ordenes de propietarios que dirigían el antiguo Tibet vivían principalmente en las aglomeraciones o en las ciudades como Lhassa. Estaban estrechamente ligadas por intereses comunes. Sus miembros – los funcionarios, los nobles y los monjes superiores de los monasterios – cambiaban a veces de rol para formar las bandas dirigentes poderosas o para decidir los matrimonios entre clanes del mismo rango social con el objetivo de consolidar sus alianzas.
También observaban una regla estricta que estipulaba que las personas de rango elevado debían ser tratados de manera diferente, lo que, tanto en el ámbito ético como en la realidad, consolidaba los privilegios y los intereses de los propietarios de los siervos. Los descendientes de los nobles seguían siendo nobles hasta el final de sus días, pero los siervos, que constituían la mayor parte de la población tibetana, no podían nunca salir de su miserable condición política, económica y social. El elevado grado de concentración de poder y la imposibilidad de pasar de una clase social a otra, iban a llevar directamente a la corrupción y a la degeneración de la case dirigente así como a la estancación y a la decadencia del conjunto del sistema social.
« La integración de la política y de la religión » constituían el fundamento de la servitud feudal del Tibet. Bajo un tal sistema, la religión no era sólo una creencia espiritual sino también una entidad política y económica. En los monasterios, que también se beneficiaban de los privilegios feudales, también existía opresión y explotación. El despotismo cultural reinante bajo esta estructura sociopolítica teocrática no permitía que le pueblo pudiese escoger su propia creencia religiosa, impidiendo una verdadera libertad religiosa. Los siervos no tenían ningún derecho humano, ni siquiera el más elemental, y vivían en la indigencia más extrema. Una décima parte de los jóvenes tibetanos entraban en el monasterio para convertirse en monjes. Al ser impedidos de la producción material y de la reproducción humana, los mojes llevaron esta región a una depresión económica y al declive de la población del Tibet. Con este avasallamiento espiritual y la promesa de la beatitud en una vida ulterior, el grupo privilegiado de monjes y de nobles no sólo privaba a los siervos de su libertad física, sino también de su libertad espiritual.
El Dalai Lama, en esa época principal representante de la servidumbre feudal tibetana y jefe del gobierno local tibetano, nunca se estorbó de “democracia” o de “derechos humanos”. De hecho, es por el temor a las reformas democráticas que el 14º Dalai Lama y su banda en el poder desencadenaron la rebelión armada en 1959 y ganaron el exilio tras su fracaso. Tras su fuga en el extranjero, la banda del Dalai-Lama siempre mantuvo el marco político de base de la integración de la política y la religión. Según lo que llama “constitución” tibetana, el Dalai-Lama, en tanto que principal figura religiosa, no sólo ejerce la función de “Jefe de Estado y de Gobierno”, sino que también beneficia del poder último de decisión sobre todas las principales cuestiones a las que se ve confrontado su “Gobierno en el exilio”.
Un interesante fenómeno, es que los hermanos y las hermanas del 14º Dalai-Lama han ocupado sucesivamente puestos claves de este “Gobierno en el exilio”, dirigido por su hermano, encargándose así de los departamentos más importantes. Cinco miembros de la familia del Dalai-Lama han sido « bkha’ blon superiores » o « bkha’ blon » (funcionarios de muy alto rango de los gobiernos tibetanos locales del antiguo régimen). La familia del Dalai-Lama y varios familiares controlan el poder político, económico, educacional y militar del “Gobierno en el exilio”, así como sus principales circuitos financieros. Parece ser que, estos últimos años, empiezan a seguir los ejemplos occidentales organizando “elecciones democráticas” y adoptando “la separación de poderes” pero, en realidad, el Dalai-Lama siempre tiene la última palabra, su “Gobierno en el exilio” está todavía estrechamente ligado a la religión y a la función del « bkha’ blon supérieur » que sólo puede ser ejercido por monjes. Poco importa pues la manera en la que la banda del Dalai-Lama se dote de ornamentos democráticos porque, en realidad, constituye todavía una estructura política teocrática y una coalición de monjes y nobles de rango superior.
¿Es posible la “democracia” bajo el poder de una estructura política teocrática formada por monjes y nobles? Hace tiempo que el Tibet y otros elementos de la comunidad tibetana en China han realizado la separación entre política y religión, llevando a cabo reformas democráticas e implantando gobiernos regionales autónomos, comprometidos con la construcción política y democrática del socialismo. Contrastándolo con esta realidad, el discurso vacío sobre la democracia que nos presenta el Dalai Lama y sus partidarios internacionales sólo constituye la apariencia barata que exhibe para abusar del público.